Pasa los días. Cada vez vemos el verano como algo más lejano, aunque con recuerdos recientes. Es contradictorio. Nos asomamos a la ventana y vemos oscuridad y lluvia, un claro presagio de que el verano dijo adiós. Nos sentamos en el sofá, cerramos los ojos, y todavía vemos brillar los últimos rayos de sol, sin entonces saber que iban a ser los últimos en un tiempo presumiblemente corto, pero quién sabe…
Parece que fue ayer cuando escribía el último texto en este espacio… Parece que fue ayer y ya han pasado diecinueve días.
Sigo de igual forma, o prácticamente igual forma que cuando estaba sentado, en este mismo sofá, escribiendo lo que entonces escribí y que ni debo ni necesito recordar. Pasan los días, como todo va pasando. Todo pasa y todo sigue igual. Menos el tiempo, como todos podemos observar.
Sigo pensando en aquel día, aquel día que no debió terminar. Recuerdos, todo son recuerdos y me matan. Me van rasgando por dentro, poco a poco, como cual personaje enamorado en un libro parece haberse comido algún alimento con agujas en su interior…
No puedo decir que todos los días son malos, porque no lo son. Estaría mintiendo. Sí una mayoría de ellos, pero es algo con lo que tengo que vivir. Y que así sea. Más no se le puede pedir. Pongamos que hay algo, un pequeño detalle, que me aleja y me separa del mundo y del pensar diario. Algo que me llena, aunque viene en su justa, o no sé si injusta, medida. Casi en cuentagotas.
Todo pasa… dicen. Todo llega, lo sé. Cualquier momento por remoto que parezca acaba llegando.
Hasta pronto.
0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.